CorazonesLos primeros orígenes del debate sobre la Economía Circular, o mejor dicho sobre la Sostenibilidad, se pueden situar en el Ensayo sobre el principio de la población[1] publicado por Thomas Malthus en 1798 con el que se pone de manifiesto la brecha existente entre la evolución del crecimiento de la población y de los recursos que satisfagan sus necesidades. Este debate sobre el agotamiento de los recursos se energizó en 1972 con la publicación Límites al crecimiento[2], informe encargado por el MIT al Club de Roma, y que enfoca su  análisis hacia los recursos limitados y en riesgo de agotamiento y en el que se destaca que el retraso en la toma de decisiones puede tener dramáticas consecuencias para el planeta según la evolución y tendencia de la huella ecológica humana. A partir de este momento se inicia un fuerte debate sobre la obligación que tiene cada territorio de reducir el ratio de uso de los recursos y el ratio de emisiones.  Así en 2002 se publica Cradle to cradle: remaking the way we make things a modo de punto de partida para el cambio del paradigma que afronta la crisis ecológica frente al paradigma de la abundancia.

Sin embargo, es a partir de 2006 cuando se acentúa la oportunidad que este cambio de paradigma puede tener desde el punto de vista económico por su impacto sobre variables económicas como son el desarrollo económico sostenible o el empleo, hechos recogidos en la publicación de The Performance Economy[3]. Esta línea abierta hacia el entender económico del concepto circular tiene múltiples desarrollos posteriores, así en 2015 se publica The Waste to the Wealth[4] con un enfoque más economicista del nuevo modelo de producción y consumo como única posibilidad de caminar hacia la regeneración de riqueza.

Será precisamente este surgimiento con fuerza del modelo Circular, asociado a la capacidad regenerativa de la economía, el que provocará el cambio  en la actual política económica y ambiental de la Unión Europea. Así, en septiembre de 2015, la ciudad de París hizo un llamamiento a las “ciudades europeas en favor de una Economía Circular”, llamamiento que han firmado ciudades como Ámsterdam, Bruselas; Copenhague, Lisboa, Londres, Milán y Roma y que, poco a poco, se ha ido adentrando en las agendas urbanas de toda Europa.

En este sentido, y quizás como modelo más generalizado y conocido hoy dado el origen  ideológico que acabamos de mencionar, el enfoque sobre la Economía Circular se ha centrado en el modelo de producción y consumo vinculado al nuevo paradigma de la ecología industrial. El  modo en el que se produce, distribuye y consume, y la alternativa circular como modelo sustitutivo del ya considerado tradicional sistema lineal de producción, son los aspectos más divulgado por este nuevo modelo. Un modelo que se basa en los ciclos biológicos (que buscan devolver los residuos a la naturaleza) y en los ciclos técnicos (orientados a que los productos estén diseñados para ser reutilizados todo lo posible). Todo ello con el objetivo de transformar el tándem producir, usar y  tirar por el enfoque regenerativo en el que el objetivo es mantener los productos, componentes y materiales con la máxima utilidad y valor el máximo tiempo.

Sin embargo, y en su continua evolución, hoy en día la apuesta por la alternativa circular deja abierta una más amplia perspectiva de trabajo fortalecida por la ampliación del enfoque desde la mera sostenibilidad del planeta (social y ambiental) y la posibilidad de generación de un nuevo modelo económico, hacia el modo en cómo se hace dicha transición y consolidación del modelo circular de forma sostenible en el territorio. Un modelo económico en el que las nuevas conexiones, los nuevos flujos, den lugar a  nuevas oportunidades para generar riqueza, inversión, empleo, consumo, etc.. . Son precisamente estas oportunidades las que se deben de transformar en claves económicas que se incorporen directamente a las funciones de utilidad de empresas, administración o ciudadanos.

Es el momento de reflexionar y hacer autocrítica sobre el hecho de que el lema de “la necesidad de preservar el planeta” no en todos los casos ha tenido la misma capacidad de absorción por parte de los actores del sistemas, los cuales han asumido sostenibilidad como una necesidad extrínseca y, sin embargo, debemos dar paso a la Economía Circular cuyo objetivo prioritario debe ser la trasmisión y su condición de  “oportunidad para los actores del sistema”, adentrándonos en sus respectivas funciones de utilidad y fortaleciendo las necesidades intrínsecas asociadas a las variables económicas, sociales y medioambientales vinculadas al despliegue del nuevo Modelo Económico.

En este sentido y, desde un enfoque puramente economicista, constataba Ramón Tamames que “las bases de nuestra Economía- como en cualquier otra economía nacional- están constituidas por recursos físicos y humanos. El conjunto de los recursos físicos disponibles viene dado por las condiciones naturales del espacio geográfico en el que estamos situados y en donde vivimos; en ese marco constituye, pues, nuestro “hábitat” económico. Pero globalmente considerada, la economía nacional es una creación humana, integrada por el conjunto de la actividades productivas y de intercambio que sobre el soporte de los recursos físicos lleva a cabo la población”[5]. En este sentido podríamos preguntarnos ¿cómo podemos construir un nuevo modelo en el que los recursos tienen, en términos absolutos, un comportamiento decreciente de forma continua en el sistema, premisa de la que parte nuestro actual sistema económico afectado  por una tendencia a la escasez de recursos?”. Otros economistas, como por ejemplo Joseph E. Stiglitz[6], ponían el acento a la hora de definir la Economía, no directamente en los recursos o las actividades productivas y de intercambio, sino en el estudio del modo en el que los individuos, las empresas o el Estado eligen y en el modo en el que esa elección, con el objeto de satisfacer sus necesidades, los primeros, de responder a la demanda social, los segundos, y de maximizar beneficios, los terceros, determina la manera en que se utilizan los recursos que dicha economía tiene.

Teniendo en consideración el primer enfoque, centrado en la producción y el intercambio, la solución a la rigidez en la disposición de los recursos en el planeta sería la de incrementar el rendimiento relativo de nuestros recursos gracias al diseño de innovadoras formas de introducción de éstos de forma limitada, no ilimitada ya que esto no es posible, y sostenible en el sistema. Pero, si consideramos el segundo enfoque basado en el proceso de elección por parte de los agentes económicos, ya sean unidades de consumo – los individuos-, de redistribución – el Estado-  o unidades llamadas lucrativas- las empresas productivas-, es necesaria la generación de nuevos criterios para que la elección en cada uno de ellos esté ligada a la conservación del planeta, la implicación en la lucha por el cambio climáticos u otros similares en relación con el uso de recursos limitados…… Sin embargo, si somos honestos, ¿es realmente creíble que esto nuevos criterios pasen a imprimir satisfacción en el proceso de elección de los diversos agentes económicos?.

Felix Preston[7] aclara esta perspectiva económica bajo la premisa de que ‘La economía circular es un enfoque que quiere transformar la función de los recursos en la economía”. Una nueva aportación que, sin embargo, se plantea  desde el campo de la oferta, aclamando a la inversión desde la unidades lucrativas/productivas y destacando el papel del estado en el desarrollo de actuaciones que provoquen que los consumidores sientan la necesidad de consumir los nuevos productos derivados de procesos circulares, incluso apelando a la existencia de “etiquetas de certificación de productos ligados a la Economía Circular, la Circular Economy, los llamados productos “CE”.

No estando en armonía con este enfoque, creo que una simple visión del modelo circular desde la economía de oferta, y con acciones sobre la demanda en su concepción de seguidora, no llegará a consolidarse, y por el contrario, pongo en alerta que puede llegar incluso a generar tensiones en variables como los precios, el consumo, e incluso el empleo.  Por el contrario, propongo la vinculación del modelo circular con el diseño de un nuevo modelo económico vinculado a la función que tienen los nuevos “flujos” de dar utilidad/satisfacción a los agentes económicos de forma equilibrada en el tiempo, un enfoque que incluye la necesidad de trabajo sobre la demanda circular.

Como momento inspirador, en épocas de la gran depresión del 29, Keynes analiza el alto nivel de desempleo y su consecuencia sobre el bajo nivel de adquisición de bienes y servicios, así como el bajo nivel de contratación por parte de las empresas ante la insuficiencia de demanda y propone como solución aumentar el gasto público, como motor dinamizador, de forma que se aumente el empleo, el cual a su vez generaría más empleo a través del incremento del consumo hasta alcanzar un nuevo equilibrio. En el caso de la Economía Circular va a ser muy importante definir qué variable económica va a hacer de motor de arranque ya que si se plantea como motor de reactivación económica el incremento del gasto privado o de la inversión empresarial asociados a una tendencia creciente de los precios de los factores de producción y de consumo ligados a la sostenibilidad, esto puede tener un efecto contraproducente.

Proponemos, por el contrario, apostar por medidas de orden público que acompañen el proceso de cambio y de redireccionamiento de la oferta y de la demanda junto con una corresponsabilidad de la sociedad en la transformación de los modelos de producción y consumo. Procesos decisorios, de consumo y producción, que deben responder ante nuevos estímulos incluidos en su función de utilidad y sus criterios de satisfacción, tanto de forma individual, de los agentes de forma aislada, como de la economía, en su conjunto. La opción que valoramos como modelo de Economía Circular, compatible con la preservación del planeta, se basará en provocar un cambio en las decisiones tomadas por los agentes económicos a través de las nuevas utilidades/satisfacciones generadas en el nuevo modelo. Éste debe ser el auténtico pilar para que el modelo de Economía Circular se despliegue de forma rápida como alternativa válida para el crecimiento y el desarrollo.

La propuesta, en calidad de modelo económico novedoso, debe poner la mirada  en  la visión sobre el sistema, sobre todos los agentes de forma integrada, analizando las utilidades respectivas (ya sea en términos de beneficios o de satisfacción de necesidades, individuales o colectivas), y en el análisis del cómo se desarrollan el conjunto de actividades e interdependencias entre los agentes vinculados al sistema circular. Esta observación y análisis nos permitirán, realmente, analizar el nuevo sistema productivo y de consumo en el que se basará el nuevo modelo que desvinculará el crecimiento económico del consumo de recursos físicos disponibles.

La oportunidad, desde el punto de vista y foco económico, por tanto,  se traduce en la posibilidad de generar un novedoso “hábitat socio-económico” vinculado a nuevas funciones de utilidad/satisfacción de los agentes. Un pensamiento con enfoque al sistema que, por otra parte y, según destaca la Fundación Ellen Mac Arthur, quedará unido a “un impredecible alineamiento de factores tecnológicos y sociales”[8]

[1] 1978, Malthus Ensayo sobre el principio de población

[2] 2002, Michael Braungart  Cradle to cradle: remakling the way we make things

[3] 2006/2010 Walter R Stahel The Performance Economy

[4] 2015, Peter Lacy & Jakob Rutqvist Waste to wealth

[5] 1975, Ramón Tamames Introducción a la economía española

[6] 1993  Joseph E. Stiglitz Economía

[7] 2012 Felix Preston A Global Redesign? Shaping the Circular Economy

[8] 2015 Ellen MacArthur Foundation TOWARDS A CIRCULAR ECONOMY: BUSINESS RATIONALE FOR AN ACCELERATED TRANSITION

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